¿Cómo debe ser la ciudad del futuro?

Sumaily Pérez Carrandi/Tomado de Granma / 
25.01.2018

Cuba es pionera en proponer una herramienta para coordinar esfuerzos de desarrollo económico, vivienda, resiliencia y estar mejor preparados ante los eventos meteorológicos.

Muchos son los especialistas que el Gobierno cubano pone en función de encontrar salidas viables a la situación de la vivienda. Los huracanes Sandy y Matthew abrieron con su paso una brecha que Irma recrudeció de manera violenta.

Si fenómenos como estos son cada vez más frecuentes debido al cambio climático, ¿qué pasará con las viviendas que técnica y estructuralmente poseen malas condiciones? Esa interrogante plantea la necesidad de prepararse y transformar realidades.

Cuba cuenta con unos 11,2 millones de habitantes y se encuentra en etapa avanzada de transición demográfica hacia el envejecimiento, bajo crecimiento y reducción hacia el año 2030 de la población total. Esta última se concentra actualmente en 7 014 asentamientos humanos,  de ellos 597 urbanos donde reside el 76 %;  alcanzan la categoría de ciudad 58 y de ellos 13 tienen más de 100 000 habitantes.

Según José Mena Álvarez,  director de Urbanismo en el Instituto de Planificación Física (IPF),  ese condicionamiento económico-social ha demandado que los especialistas busquen vías e instrumentos en el ejercicio de la administración pública y, a través de ella, conducir el desarrollo de los asentamientos humanos.

Para ese propósito, el IPF propone un plan de acción (encaminado al fortalecimiento del ordenamiento territorial, urbanístico y de la gestión del suelo) que permita a su vez implementar en la Isla la Nueva Agenda Urbana (NAU).

La NAU es la estrategia global que orientará el desarrollo urbano mundial durante los próximos 20 años. Constituye una guía que la ONU proporciona a los estados, pero son estos  los responsables de su correcta implementación,  de forma coordinada con los distintos niveles de Gobierno. Su propósito es lograr ciudades y asentamientos humanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

«Nuestro plan de acción incluye la Tarea Vida, un ambicioso Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático, que recoge las acciones de adaptación y mitigación en Cuba. Contempla también, con especial relevancia, la creación y acondicionamiento de asentamientos humanos cada vez más resilientes», añadió Mena Álvarez.

El plan propone, asimismo, desarrollar estructuras urbanas compactas, donde se utilice al máximo el potencial interno de las ciudades, se reduzcan vulnerabilidades  y se prevea la adaptación a eventos meteorológicos extremos y a la elevación del nivel medio del mar.

ADAPTARNOS A NUESTRAS PECULIARIDADES

Pablo Vaggione, coordinador de la Oficina para México y Cuba del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, remarcó del plan cubano que pone al territorio en un lugar predominante a la hora de contribuir y facilitar el desarrollo socioeconómico y prepararse mejor ante los eventos meteorológicos.

Precisamente, el IPF plantea para el 2018 y el 2019  una estrategia de capacitación y de preparación del personal  en los municipios: talleres de intercambio y elaboración conjunta sobre la NAU, en vinculación con los factores nacionales.

Ese proceso de llegar hasta lo local adquiere mucha importancia en Cuba, pues a diferencia de lo que sucede en Latinoamérica y en otros países del mundo,  donde la capital es lo más importante y resulta desproporcionada en comparación con el resto de los sistemas de asentamiento, en nuestro país las capitales provinciales, los centros regionales y muchos municipios como Baracoa, Trinidad o Remedios, son ciudades intermedias que desempeñan un papel vital en el desarrollo.

La preparación que tiene el pueblo cubano ante un fenómeno climatológico extremo es remarcable, pero según los expertos aún no es suficiente.

Al respecto, Mena Álvarez hace hincapié en la vulnerabilidad de las ciudades cubanas y la necesidad de tener conciencia sobre ello. «No se trata de trabajar en la emergencia, sino de hacerlo de manera sostenida y sostenible entre ciclones.

Los huracanes van a ser recurrentes, por tanto el trabajo que se haga antes, durante y después es fundamental».

El diseño, la localización, el uso adecuado de los materiales cada vez más resistentes y adecuados al entorno en el cual se localiza la vivienda, son aspectos que harán, junto con la ya citada vinculación a nivel local, que el país esté en mejores condiciones para prevenir y resistir un desastre.

¿QUÉ ES LA RESILIENCIA?

Según el especialista Armando Muñiz González, quien estuvo al frente del proyecto Contribución a la Elevación de la Resiliencia Urbana de las Principales Ciudades de Cuba –que abarcó cuatro municipios cubanos: Santiago de Cuba, Bayamo, Guanabacoa y Centro Habana–, una ciudad resiliente es aquella que reduce pérdidas humanas y materiales;  donde  las circunstancias y los recursos disponibles son eficaces en la reducción de riesgos de desastres (RRD); y existe, además, una voluntad política para enfrentar la reducción de riesgos; es aquella que no trabaja solo en situación de emergencia  y considera a la RRD como un proceso continuo.

Entre las fortalezas que exhibe el país al respecto  se hallan la voluntad política y un sistema nacional de defensa civil a todos los niveles, con planes de ordenamiento urbano, estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo y planes de reducción de desastres, donde se integran políticas,  leyes  y mecanismos institucionales de respuesta.

No obstante, quedan retos: la capacidad de las instituciones nacionales y locales debe ser mejorada, así como deben actualizarse las herramientas de gestión y planificación urbana de los Gobiernos de cada provincia.

El rol de la producción local de materiales y el reciclaje de escombros para garantizar la mejora del estado técnico constructivo del fondo habitacional y reducir sus vulnerabilidades,  será vital a partir de ahora.

Los Gobiernos locales deben ser conscientes de su papel en la gestión del riesgo de desastres, con la plena incorporación de la sociedad civil, en el trabajo de perfeccionamiento de los sistemas de alerta temprana en cada localidad, así como en la ejecución periódica de ejercicios preparatorios que garanticen la cooperación entre todos los actores locales y su actuación oportuna y eficaz.