Foto: Marta López-UNICEF

Volver a la escuela después de un huracán

13.03.2017

Ante los desastres, proteger las vidas de cada niño y niña y la de sus familias es un gran desafío que exige la mejor preparación

Guantánamo, 27 de febrero de 2017- Considerado el huracán más fuerte registrado que ha golpeado Guantánamo, Matthew (5/10/2016) azotó a varios municipios de la provincia durante 8 horas consecutivas, con vientos de 200-250km/hr, fuertes lluvias, marejadas de 3 a 4 metros y olas de hasta 8 metros.   Gracias a los planes de reducción de desastres, no hubo pérdidas humanas y se minimizaron las pérdidas materiales, permitiendo a las comunidades afectadas centrarse en la recuperación y coordinar un rápido retorno a las aulas para todos los niños, niñas y adolescentes.

Cuando un fenómeno meteorológico de estas características descarga toda su fuerza, arrasándolo todo, desde las cosechas, las fuentes de agua y las vías de transporte, hasta las casas, las escuelas, los centros de salud y la red de telecomunicaciones, proteger las vidas de cada niño y niña y la de sus familias es un gran desafío que exige la mejor preparación.  Cuba está en permanente riesgo de desastres naturales como huracanes, terremotos y sequías, y es muy vulnerable a los efectos del cambio climático. Las políticas públicas del país priorizan la reducción de riesgo de desastres y la educación medioambiental, con un enfoque especial en la creación de una cultura de prevención entre sus ciudadanos más jóvenes.  El currículo cubano incorpora conocimientos teóricos y prácticos sobre la reducción del riesgo de desastres en todos los grados.

La primera experiencia ante el paso de un huracán fue muy diferente para los niños y niñas de la provincia de Guantánamo, aunque todos coinciden en lo aprendido: más vale prevenir que lamentar.  “Pienso que no teníamos tanto miedo porque ya sabíamos que venía, habíamos estado siguiendo el televisor y el radio durante la fase informativa, y cuando vino ya estábamos preparados, sabíamos que estábamos a salvo”, cuenta Enmanuel (11), estudiante de la escuela primaria Routney Coutin, en el municipio de Baracoa.  El gobierno cubano declaró progresivamente las fases informativa, de alerta y alarma ciclónicas a través de todos los medios disponibles, que garantizaron que toda la población conociera la situación y las medidas de preparación y evacuación necesarias.

“Mis padres me mandaron a casa de mi abuelo, que vive sólo y es mayor, mientras ellos y mi hermanita se quedaban en nuestra casa. Cada vez que entraba el agua en la casa por el viento y la lluvia sacábamos el trapeador; un huracán es muy fuerte, hay mucho ruido, es muy grande.  En realidad sí teníamos miedo, de perder a familiares queridos o amigos con los que siempre jugamos. Teníamos miedo de que pasara algo…”, confiesa Enmanuel.

 

Brenda (11 y Enmanuel creen que es distinto vivir un huracán a que te lo cuenten; saben por sus padres que en 2008 el huracán Ike pasó por Baracoa, pero eran muy pequeños para recordarlo.

Brenda fue acogida junto a su familia en su propia escuela, designada centro de evacuación por la defensa civil, junto a otras familias, ya que su casa no tenía las condiciones adecuadas para permanecer allí durante el huracán.  “Estaba con mi familia, con las cosas más importantes que pudimos proteger.  En mi mochila tenía mi celular y mi tablet, sería muy difícil reemplazarlos.” En la madrugada en que se esperaba a Matthew, cuenta el director de la escuela, había más de 2000 personas en la escuela, pero no se oía ni un murmullo. “Era un momento muy malo, iba acabando con todo, era devastador”, recuerda Brenda.

En la madrugada entre el 4 y el 5 de octubre, alrededor de 150,000 personas perdieron sus objetos personales debido a los daños ocasionados a más de 42,000 viviendas en toda la provincia de Guantánamo.  “Cuando al día siguiente ya pudimos salir, vimos todas las casas de la calle tiradas”, recuerda Enmanuel. El 88% de las casas de Baracoa había sufrido afectaciones, entre leves, severas y derrumbes totales.