Foto: Lilibeth Alfonso/Haydée León

Se abre el camino

17.11.2016

En Los Arados, en Maisí, Fabián Camejo Ortiz juega con los hierros rojiamarillos de un gimnasio biosaludable aledaño al campo de pelota. Nos mira y sonríe. 

En Los Arados, en Maisí, Fabián Camejo Ortiz juega con los hierros rojiamarillos de un gimnasio biosaludable aledaño al campo de pelota. Nos mira y sonríe. Le preguntamos si está contento y dice que sí, pero luego duda.

«Ahora estoy aquí alegre, pero cuando llego a la casa me pongo triste, porque desde que pasó el huracán duermo en un cuarto sin techo. Ayer estaba rendido y era tarde cuando me despertó un aguacero».

Por eso casi todo el día se lo pasa recogiendo pedazos de teja para acotejar el techo, para que su abuela —de la que habla como si sintiera el deber de protegerla— no se moje. (Tomado de Juventud Rebelde)