Foto: PMA Cuba

ÚNETE: En tiempos de sequía, Madelaine quiere saber

Marianela González /PMA Cuba / 
30.11.2017

La seguridad alimentaria y nutricional como un espacio de equidad y por la no violencia de género.

Durante cerca de dos años, mujeres y hombres de distintas disciplinas científicas, saberes y
ocupaciones, han estado diseñando un camino para que la información sobre la sequía llegue a tiempo hasta quienes la necesitan. La participación activa de mujeres como Madelaine Liranzo ha hecho del proyecto un espacio próspero y familiar, una construcción de equidad, como su pequeña finca entre Bayamo y Jiguaní.

En el manejo integral de la sequía es posible visualizar claramente varios roles: quien la vigila y avisa a los demás sobre cómo va a evolucionar; quien transporta ese aviso hasta los demás; y los demás: quienes trazan políticas para definir qué hacer en cada caso, quienes deben adaptar sus cosechas para no perderlas, quienes deben decidir cuánta agua alcanza y cómo se distribuye, quienes deben gestionar su uso racional en las comunidades… es decir, todas, todos.

Mujeres y hombres estamos teóricamente en iguales proporciones. Pero no siempre lo notamos. Así lo han ilustrado decenas de participantes en uno de los talleres de este proyecto, acompañado por el Programa Mundial de Alimentos y financiado por la Unión Europea:

No, mujeres y hombres no estamos “representados” por igual en esos roles.

A las mujeres se nos ve más de lo normal en la gestión del agua en los hogares; en la vigilancia; en la gestión de información. Son ejercicios que nos ubican en los espacios privados, en las oficinas, y no en los espacios públicos, porque en ellos están sobrerrepresentados los hombres: en el campo, produciendo alimentos; en los espacios de toma de decisiones, trazando políticas y estableciendo planes de acción.

“¿Y por qué?” -Madelaine no se conforma.

Ella no es meteoróloga ni ingeniera, ni periodista o investigadora. Es una mujer campesina cuya tierra en usufructo tuvo que despojar, primero, del marabú que la cubría; segundo, de las cicatrices de una sequía recurrente: un suelo maltratado, fuentes de agua alejadas del centro de la producción, un pozo artesanal sin tratamiento ni revisión técnica… Junto a Michel, su esposo, ella hizo todo eso, y en el suelo ya productivo y limpio armó, además, un taller de bordado para emplear a otras mujeres.

Su finca, hoy, produce alimentos y oportunidades.

Resiliencia con equidad. O no es

A Madelaine Liranzo le interesó ser parte de este proyecto desde el principio. Cuestionó hasta el fondo cada metodología, quiso entender de dónde venía cada “flecha” escrita en un papelógrafo y cómo podría traducirse una palabra técnica en “palabra que entienda mi abuela”. Eligió saber, aportar, construir, y no solo asistir a un taller.

Su aporte ha permitido que los objetivos del proyecto hayan dado un paso que ni siquiera estuvo previsto: el manejo de la sequía solo es integral si ha sido construido desde la equidad, si ofrece iguales oportunidades de adaptación a mujeres y hombres, y si reconoce el capital intelectual y el liderazgo de las mujeres en la construcción de resiliencia.

Como resultado de este movimiento de ideas en cinco provincias de Cuba, el procedimiento para el manejo de la sequía a nivel local hoy cuenta con recomendaciones de más de 200 personas para un enfoque de género en cada uno de sus componentes.

Para aportar esas recomendaciones, mujeres como Madelaine y decenas de hombres han puesto en tela de juicio sus propios estereotipos y han sido protagonistas de la construcción.

“Al principio, no sabía muy bien qué hacía yo aquí entre tantos especialistas y personas con mucho conocimiento. Pero enseguida me di cuenta. A mí me toca aportar mi pedacito aquí y compartirlo con todas las personas que están a mi alrededor, sobre todo con esas mujeres que todavía no se despiertan… Y créame, ¡en eso sí que soy buena!”.

Yo le creo.