Foto: Ismael Batista/Granma

América Latina y el Caribe necesitan reponer la voluntad política

Lisandra Fariñas Acosta /Tomado de Granma / 
10.05.2018

Para FAO la celebración este importante evento de Cepal en Cuba es un reconocimiento a su legítima y necesaria participación en el concierto de las naciones de la región.

América Latina y el Caribe continúa siendo en pleno siglo XXI una región de paradojas: no hay en el mundo ninguna zona que produzca mayor número de materias primas, rica en recursos naturales y exuberante belleza, pero donde la contradicción entre la producción de riquezas y su distribución acentúan cada día la inequidad social.

Es ese un desafío presente en la agenda del trigésimo séptimo periodo de sesiones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), que tiene como sede a La Habana, y donde la Mayor de las Antillas asumirá la presidencia pro témpore del organismo para un mandato de dos años.

A propósito de esta cita, Granma conversó conJulio A. Berdegué, Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, sobre la connotación que tiene la celebración de esta cita en nuestro país, así como de los retos y oportunidades de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), en la Isla y la región, de cara a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

«Somos una agencia hermana de las Naciones Unidas con una fuerte agenda de colaboración con la Cepal, por lo que hemos sido invitados a participar en este encuentro», refirió el entrevistado.

Para Berdegué, el hecho de que Cuba presida este periodo de sesiones evidencia dos elementos fundamentales: «en primer lugar, que la decisión de quién es el país que preside no es de las Naciones Unidas, sino de los 33 países miembro de América Latina y el Caribe, que decidieron que Cuba dirigiría este periodo. Es entonces un reconocimiento de la región a Cuba; y de la legítima y necesaria participación de la Mayor de las Antillas en el concierto de las naciones latinoamericanas y caribeñas. Ese es el primer mensaje que los países de la región están dando: Cuba es un miembro de pleno derecho del sistema regional».

En segundo lugar –refirió el representante– no debe haber estado ajeno a las decisiones de los estados miembros, el interés por acompañar a Cuba en su proceso de actualización económica y social. «Los pueblos y los gobiernos de América Latina y el Caribe tenemos un interés muy significativo en que Cuba realice este proceso de manera exitosa, de acuerdo por supuesto con sus propias decisiones soberanas. Pero nos parece muy importante desde el punto de vista de la FAO este esfuerzo que como país está haciendo, pues creemos que es algo necesario y ante el cual estamos todas las agencias de las Naciones Unidas listas para apoyar», dijo Berdegué.

De acuerdo con el entrevistado, Cuba ha superado muchos problemas elementales y «lo ha hecho bien», como el hambre, el acceso a la salud, a la educación… «Pero en el siglo XXI esto es insuficiente y hay otras metas, para hablar de un estado próspero y sostenible. Cuba puede estar orgullosa de lo que ha hecho, pero al igual que los demás países de Latinoamérica no se puede quedar satisfecha, necesita dar otros pasos de avance. Todos enfrentamos lo que se llama la trampa de los países de los ingresos medios, donde se superan las necesidades más básicas, pero permanece el desafío de pasar del subdesarrollo al desarrollo».

«Nosotros interpretamos este esfuerzo por actualizar el modelo económico y social, como que tiene que ver con la forma cubana de plantearse cuáles son las siguientes metas para la nueva generación», dijo Berdegué.

— ¿Cuáles serían los desafíos y rutas de FAO en La Habana?

— La FAO en Cuba tiene tres grandes ejes fundamentales, y en los cuales acompaña al país, a partir de las necesidades identificadas por el gobierno cubano y en las cuales nos ha solicitado apoyo, explicó el representante del organismo regional.

«Apoyamos todo el tema de la resiliencia y adaptación, la sostenibilidad de la agricultura y los sistemas alimentarios, donde tenemos una agenda creciente de colaboración con los ministerios de agricultura y de industria alimentaria», sostuvo.

Uno de los ejes fundamentales, dijo, es el abastecimiento alimentario. «Cuba puede y se ha planteado el desafío de producir más y depender menos de las importaciones; mejorar no solo la cantidad, sino la calidad de la alimentación. La FAO es la agencia mundial encargada de ese tema y estamos a disposición del gobierno de Cuba para ver en cuáles proyectos del abastecimiento y la distribución alimentaria podemos colaborar», ratificó.

Igual importancia concedió el entrevistado a la cooperación Sur-Sur, área en la que subrayó la FAO y Cuba tienen una larga historia de trabajo conjunto. «Llevamos 40 años en Cuba y esta Isla lleva muchos más como miembro de la FAO, es un país fundador y ha sido constante la cooperación, tanto de Cuba con otro países del área, como de África, usando la FAO como socio en esta tarea».

Sobre este tema, insistió en que «debemos ser capaces de desarrollar mucho más algunas potencialidades que tiene Cuba y no otros países, tales como su capacidad científico-tecnológica, y su capacitación y formación profesional en el campo de la agricultura. Siento que a veces no hemos sabido aprovechar las capacidades más avanzadas que tiene este país, y a veces nos acomodamos con los más común o conocido. Queremos ser un socio importante de Cuba en estos temas esenciales», dijo.

Berdegué elogió la gran experiencia en riegos y desastres que tiene la nación. «Es un país con una política y una capacidad muy sofisticada en materia de prevención y reacción temprana. La Celac, por ejemplo, apenas en diciembre del año pasado aprobó a nivel de todos los países una estrategia de gestión de riegos de desastres en la agricultura y la alimentación. Entonces uno voltea a mirar y ve que Cuba tiene todo muy avanzado».

No obstante, enfatizó que es de interés también la cooperación Sur-Sur en otra dirección, a beneficio de Cuba, y no solo la Isla como país que apoya a otros. En ese sentido colocó como ejemplo el biogás y las experiencias de otras naciones en la obtención y uso de energía renovable.

— Cuando resta poco más de una década de la fecha pactada para la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030, ¿cuánto se ha avanzado en la región?

— «La región tiene desafíos importantes. Venía avanzando muy bien y a paso fuerte en la erradicación del hambre, la miseria y la extrema pobreza rural, y llevamos unos cinco años en los que se perdió ese impulso. Por primera vez en más de 20 años no solo ya no avanzamos, sino que estamos retrocediendo. Más de 40 millones de latinoamericanos y caribeños se van a dormir con hambre todos los días. Ello, en un continente de países de ingresos medios, es una profunda injusticia. No estamos avanzado a la velocidad necesaria», explicó el Representante.

Los datos lo ilustran, precisó. La mitad de la población rural en América Latina vive en condiciones de pobreza y 37 millones de personas en condiciones de indigencia, ni siquiera alcanzan a alimentarse. Tenemos que recuperar el ritmo para llegar a las metas del 2030. Nos faltan aún 40 millones de personas para llegar a la meta de cero hambre, dijo.

— A su juicio ¿cuáles son las causas fundamentales que han incidido en este giro?

— «Lo primero es la pérdida de crecimiento económico. En segundo lugar, hay países que han tenido y mantienen situaciones de crisis e inestabilidad, donde los indicadores han descendido significativamente con una pérdida de crecimiento económico, a lo cual se suma el cambio climático que nos golpea: sequía inundaciones», detalló.

«Lo que tenemos que hacer para superar esta situación es reponer la voluntad política. En la década del 2000 se estableció un fuerte consenso y voluntad política de nuestros gobernantes, de que sí podíamos erradicar el hambre. Hay que volver a recuperarla», refirió.

Para Berdegué la región lo está demandando.

«No podemos llegar al desarrollo con 40 millones de personas con hambre, cien y tantos millones en la pobreza. En el ámbito rural tenemos un enorme problema de inequidad de género y de ahí no se escapa ningún sector: se ve en el trabajo asalariado, al interior de la agricultura familiar y de una inmensa cantidad de mujeres que no participan en el trabajo. Hay una enorme tarea pendiente de equidad de género, y obviamente si no resolvemos eso cómo vamos a resolver el problema de la pobreza, con la mitad de la población atada de pies y manos», agregó el entrevistado.

«La inequidad de género es cortarnos un brazo y una pierna a todos nosotros. Las mujeres son las que sufren en primer lugar, pero nos afecta a todos».

— ¿Qué valor le concede a la agricultura familiar para las pequeñas islas, que han padecido varias experiencias de monocultivo, y además son fuertemente golpeadas por el cambio climático?

— «Los pequeños estados insulares son especialmente víctimas –ellos no causaron el cambio climático–, por dos razones: primero porque en esta parte del mundo son muy violentas las transformaciones del clima asociadas al cambio climático. Aquí golpean muy duro y el impacto es mayor. Por otra parte, si un huracán le pega a Brasil es a una partecita, pero tienes detrás un enorme país que puede levantar y ayudar a la región o estado que fue afectado. El problema es cuando afecta a Dominica, a Santa Lucía e incluso a Cuba, afectando a buena parte del país y haciendo el impacto muy extenso», dijo Berdegué.

Teniendo en cuenta aspectos como este, vale destacar –mencionó– una característica esencial de la agricultura familiar: su resiliencia.

«Es una forma de producción y de vida que lleva siglos jugando con casi todo en contra. Hoy en día, sin asistencia técnica ni financiamiento, ahí está… Muchos predicen que va a desaparecer y sigue presente en la vida de miles de personas. La agricultura familiar tiene una gigantesca capacidad de adaptarse, sobrevive y le va bien en contextos económicos sistemas políticos diferentes, con políticas favorables o más desfavorables. Y eso es una fuente de sabiduría que tenemos que emplear mejor».

Además, es la agricultura familiar la que tiene mayor capacidad de responder a un desafío de aumentar la producción, en un escenario donde vamos a necesitar, en parte por el cambio climático, una adaptación muy fuerte de las capacidades productivas. «No podemos seguir produciendo como hace 50 años y la agricultura familiar ha demostrado que es la que más rápido puede responder a un cambio tanto en las políticas, como en las condiciones del medio ambiente».

Yo creo que el futuro de la alimentación en Cuba y el futuro de la agricultura familiar son hermanos siameses, no se pueden separar. No va a haber crecimiento de la alimentación sin el fortalecimiento de la misma, concluyó.