A siete meses de Matthew: De lo roto a la recuperación

Raquel Sierra / 
05.05.2017

Poco a poco va desapareciendo la huella de destrucción dejada por el fuerte huracán en el extremo oriental cubano, aunque aún queda mucho por hacer.

Juana Reyes Bles, de 93 años, le pregunta cada día a su hija, Mirta Casals Reyes, cuándo la llevará de regreso a su casa. En cada ocasión, le explican que como el huracán Matthew la dañó, están aprovechando para arreglársela, que será pronto, que quedará como nueva… porque hay verdades que Mirta le dice solo a medias.

En la entrada de La Rencontra, en Mabujabo, a ocho kilómetros de la ciudad de Baracoa, en la provincia de Guantánamo, hace siete meses Matthew le arrebató la casa a Juana, no le dejó nada de su casita, a la que se accede tras bajar un pequeño declive en el terreno. A ella la evacuaron justo a tiempo: cuando oyeron las noticias del huracán, la familia decidió llevarla a casa de otra hija y desde entonces, no ha regresado.

Los supuestos arreglos implican levantar su hogar desde el suelo. De eso se encargan Mirta, un cuñado y algunos vecinos, quienes dan forma y volumen a la nueva morada. “Ya  pusimos el techo nuevo y estamos esperando por los otros materiales”, dice Mirta, bajo la sombra del módulo de tejas donado a personas que perdieron totalmente sus casas por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Como la casi centenaria Juana, otras 1,153 personas fueron afectadas por el huracán en Mabujabo, una localidad semiurbana ubicada en la carretera Baracoa-Moa. De acuerdo con las autoridades locales, con 4,133 habitantes, sufrieron pérdida total de 249 viviendas, mientras otras 581 tuvieron derrumbe total de techo. En el camino hacia la recuperación, refieren, un obstáculo permanente han sido las lluvias, que retrasaron tanto la entrada de los materiales como la obtención de la madera en los campos, fundamentalmente mediante la recuperación de palmas –para las paredes-,  y árboles como la jarapa, incienso, y jucaro, de madera dura, empleados en los horcones que sostienen las casas típicas de los campos cubanos.

El huracán dejó su huella de destrucción también en la casa de Osley Hernández Arcia, su esposa y su hijita. “Esto fue derrumbe total, la reconstruí con una madera que quedó de vieja, y después de eso llegó el techo, y ya aproveché y lo puse. De Naciones Unidas recibimos el techo y el colchón, y también nos dieron la cocina de inducción”, comenta.

Los beneficios han llegado también a casa de Fernando, un niño que juega despreocupadamente mientras su mamá, Carisleydi Suárez Terrero,  explica cómo con el derrumbe total, lo perdió casi todo. “Me fui con mis dos niños, uno de cuatro y otro de nueve alos, para la comunidad y  lo pasamos en casa de una amiga, cuando regresamos,  todo estaba desbaratado”.  Su vivienda todavía está en proceso de recuperación para lo cual fue beneficiada con colchones, cajas con aseo y enseres de cocina, techo, y cemento, caja con enseres de cocina,  expresó a una misión de PNUD que dio seguimiento en el terreno a la entrega y montaje de techos.

Después de estar 15 días evacuados en casa de familiares, una pareja de jóvenes intenta retomar su vida. “Cuando no teníamos techo, montanos la lona de PNUD que nos entregaron. Ahora, con el techo ya puesto, la hemos puesto de pared en una esquina, hasta que montemos las tablas”, comenta él. Los dos, agradecieron la ayuda recibida y desean que otras muchas otras personas puedan beneficiarse de ella.

Más allá de Mabujabo

También a Cayo Guin ha llegado la ayuda del PNUD. Magdiel Ciro Reyes, de la circunscripción de Camarones, vive con su esposa y su niño de seis años, temporalmente en casa de sus padres. "Sufrimos derrumbe total, nos entregaron un módulo de 18 tejas, y kits de cocina, ahora estoy sacando los horcones, tengo lisras las tablas para las paredes también, y nos faltan los clavos y el cemento para el piso...”, dice este campesino, quien aserró lpor un precio módico a madera de su finca en el aserrío cercano.

En El Aguacate, también en Cayo Guin, Deisy, de 54 años, la ponen como ejemplo porque ha conseguido hacer lo que a algunos hombres jóvenes les ha faltado voluntad. “No me quedó nada, ni trastes ni nada...., con mi esfuerzo, me  fui a la montaña a buscar la madera,  y mi familia me prestó los clavos para armarla, no la he terminado aun  porque no han traido el resto de los materiales. Estoy contenta con la ayuda que nos han dado, las tejas y el colchón que nunca pensé tener. Hasta donde me den las fuerzas, estoy dispuesta a levantar mi casita”.

“Le pedi ayuda al yerno mio, que se llama Juan, y me dijo que en cuando trajeran las tejas, en un día la armaba, lo hicimos en dos días: trazarla, hacer los huecos en el suelo, al segundo día, a las seis de la tarde, ya tenía la casita armada y el techo puesto, me siento contenta”.

PNUD en acción

El aporte del PNUD beneficia a miles de familias en los cuatro municipios más afectados por el huracán y complementa los esfuerzos nacionales y de la cooperación internacional que se realizan desde finales de noviembre para que la vida de los habitantes de las zonas afectadas vuelva a la normalidad.

Se han entregado en los territorios afectados lonas (23,870), colchones (18,462), molinos de escombros (19), juegos de sábanas (7,536), módulos de cocina (7,500), módulos de primera necesidad (70), láminas de techo galvanizadas (17,079), módulos de herramientas para las familias (122), módulos de herramientas (32) y módulos de techo (1,297). Se realizó también taller sobre prevención de riesgo para poblaciones vulnerables al VIH.

Estas acciones forman parte del Plan de Acción del Sistema de Naciones Unidas en Cuba, concebido junto a las autoridades y contrapartes nacionales en respuesta al huracán Matthew, y  en el que intervienen  siete de sus agencias en cinco sectores: vivienda y recuperación temprana; seguridad alimentaria; agua, saneamiento e higiene; salud y educación.

El PNUD con más de 40 años de experiencia en Cuba, apoya la recuperación temprana y resiliente como una contribución al fortalecimiento de bases para una recuperación a largo plazo y de las capacidades de las comunidades afectadas, teniendo en cuenta las buenas prácticas de proyectos que fueron implementados en respuesta al huracán Sandy y la experiencia de los proyectos de desarrollo que el programa implementa en el territorio junto a las instituciones cubanas.